Hebreos 13:12–14 – La salvación viene desde afuera

Sermón en la Iglesia Evangélica de Habla Hispana de Duisburgo en la Pauluskirche, 22 de marzo de 2026

El microdevocional como punto de partida

De un tiempo la iglesia evangélica en nuestro estado ha publicado unos micro devocionales en lìnea en el sitio micronandacht.de. En estos micro devocionales se busca adaptar el texto biblico a nuestros tiempos e interpretar de una manera más actual el mensaje de Dios. Los micro devocionales consisten en un versículo bíblico principal que corresponde a cada domingo del año. Este versículo tiene que ser actualizado a nuestros tiempos por medio de una imagen, de un diagrama o fotografía que ilustre brevemente lo que significa el texto. Este devocional, después, es publicado cada domingo en Facebook o Instagram.

Hemos invitado a estudiantes de teología a encargarse de estos devocionales. Para ellos, es un ejercicio teológico traducir un versículo bíblico al presente de tal manera que pueda explicarse en una o dos frases. Después buscan una imagen adecuada.

Al inicio del culto escuchamos el versículo guía para este domingo:

“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20:28).

Como interpretación visual de este versículo, el estudiante de teología eligió el siguiente gráfico:

Un código de barras, como los que aparecen impresos en las etiquetas de precio del supermercado para que la compra pueda pasarse por la caja registradora con escáner; al lado, una cruz con el cuerpo de Cristo, y debajo la frase:

“Jesus paid it all – Jesús lo pagó todo.”

Esta interpretación visual entiende el versículo guía como una transacción, como un intercambio.

Uno pasa la propia culpa por la caja con escáner como si fuera un producto; así queda pagada y saldada. El pago se realiza, por así decirlo, mediante un cargo hecho a la cruz en la que murió Jesús.

Esa interpretación no me dejó satisfecho y la discutí con el estudiante. En lugar de un código de barras y una cruz, acordamos usar una gráfica que muestra una cruz y una tumba abierta al amanecer, y a un lado unas manos y una cadena rota:

La cruz —el símbolo de la muerte de Jesús— y la resurrección —simbolizada por la tumba vacía y el sol naciente— sueltan las cadenas que nos mantenían atados.

Estábamos cautivos, pero por la muerte y la resurrección de Jesús somos libres. La vida de Jesús es el rescate que nos lleva a la libertad.

Para mí, esta interpretación aclara lo que ocurrió en la cruz. Ofrece una manera abierta de comprender la cruz y la resurrección, y no reduce ambas cosas a una transacción, al pago de una cuenta. La muerte y la resurrección de Jesús nos liberan para una vida nueva, nos regalan libertad y futuro.

La Carta a los Hebreos como interpretación de la muerte y la resurrección

La muerte y la resurrección de Jesús admiten distintas interpretaciones. La Carta a los Hebreos explica a la primera comunidad cristiana qué significan la muerte y la resurrección.

El texto propuesto para la predicación de hoy se encuentra en Hebreos 13:12–14:

“Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.”

Por su forma, la Carta a los Hebreos no es propiamente una carta. Le faltan los datos esenciales de una carta antigua: remitente y destinatarios. Más bien, Hebreos es una predicación a la que se le añadió un cierre epistolar y luego fue enviada. El texto de hoy forma parte de ese cierre.

La Carta a los Hebreos interpreta la muerte de Jesús recurriendo al Antiguo Testamento, la Biblia hebrea, la Sagrada Escritura del pueblo de Dios, Israel. De ahí viene también el nombre de la carta: Carta a los Hebreos. Jesús es entendido como el sumo sacerdote celestial que, por medio de su entrega, santifica al pueblo y así ocupa el lugar del culto sacrificial y trae reconciliación.

Ese es el punto central de la predicación de Hebreos: “Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (8:1). Por medio de su entrega, Jesús trae redención de las transgresiones y concede a los creyentes la herencia eterna prometida. Jesús, como sumo sacerdote (ἀρχιερεύς), se convierte en un “constructor de puentes”, en pontífice, como la Vulgata traduce el término ἀρχιερεύς, entre la tierra y el cielo. Al mismo tiempo, su cuerpo es la ofrenda que hace posible la reconciliación. Así lo interpreta la Carta a los Hebreos.

Nuestro texto para la predicación proviene del capítulo final de Hebreos. A primera vista, este cierre de la carta es una secuencia de exhortaciones, entre ellas también el final de nuestro texto:

“Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.”

Esta exhortación o recordatorio quiere dar esperanza a la comunidad cristiana atribulada: al presente con crisis y pruebas le sigue un futuro. Como cristianos, caminamos juntos hacia esa ciudad nueva de Dios.

El “afuera” en el mundo de imágenes de Hebreos

El autor de la Carta a los Hebreos fundamenta esta postura con imágenes de la Biblia hebrea.

Para que el contexto quede claro, leo también el versículo 11, que establece la relación con el culto sacrificial:

“Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio.”

La muerte de Jesús fuera de los muros de Jerusalén no es simplemente un detalle histórico marginal o una casualidad, sino que el autor de la Carta a los Hebreos la interpreta teológicamente. Tres veces, nuestro breve texto subraya el “afuera” (ἔξω) delante de las puertas de Jerusalén.

Para ello, retoma la expiación del pueblo realizada por el sumo sacerdote en el campamento de los israelitas en el desierto. Allí, los cuerpos de los animales cuya sangre era llevada al lugar santo por el sumo sacerdote como sacrificio por el pecado eran quemados fuera del campamento, mientras que la sangre obtenida de ellos se usaba para purificar el santuario, que estaba dentro del campamento (Lev 4; 16).

Los cuerpos de los animales, sobre los cuales se habían transferido las propias faltas mediante la imposición de manos, eran quemados fuera del campamento. O bien, en el día de Jom Kipur, el Día de la Expiación, los chivos expiatorios, es decir, los animales sobre los que se había puesto la culpa, eran arrojados al desierto, enviados fuera del campamento. Así, todas las formas de transgresión eran literalmente sacadas de los límites de la comunidad. Frente a la transgresión, por así decirlo, se ponía orden.

Aquello que destruye la vida y la comunidad entre Dios y las personas y que introduce el desorden es eliminado y llevado allí donde se ubican el peligro y lo hostil a la vida: afuera, en el desierto. El campamento representa la seguridad de la comunidad; el desierto, con su dureza, es el lugar donde no hay comunidad. Dios está en medio del campamento, representado por el tabernáculo que acompañó al pueblo de Israel durante el tiempo en el desierto.

Lo opuesto al desierto de afuera es el campamento, o bien la ciudad, como lugar de orden, seguridad, hogar, culto y presencia de Dios. La culpa, eso que nos separa de Dios, permanece afuera, mientras que dentro del campamento o de la ciudad tenemos comunidad y Dios está presente en el santuario o en el templo.

Así que: afuera, fuera de la ciudad de Jerusalén, Dios abre el camino hacia una nueva comunidad.

El autor de la Carta a los Hebreos retoma la imagen del pueblo de Israel durante la travesía por el desierto: el pueblo tenía el campamento, y afuera estaba el desierto.

Tres mapas superpuestos

Hebreos retoma lugares procedentes de tres mapas superpuestos: un mapa del desierto del Sinaí, donde se encuentra el tabernáculo de los israelitas; un mapa de Jerusalén en tiempos de Jesús; y un mapa de aquella ciudad en la que viven los cristianos a quienes se dirige la carta.

Y en su interpretación de la muerte de Jesús, Hebreos oscila entre esos lugares: entre el campamento recordado y la ciudad recordada, entre el campamento celestial y la ciudad terrenal, entre la permanencia terrenal y la patria celestial, entre la ciudad presente y la futura.

La Carta a los Hebreos dirige la mirada hacia algo más: afuera de la ciudad suelen estar los cementerios y las tumbas; también el lugar de la ejecución, el Gólgota, está fuera de la muralla de Jerusalén. Y adentro están la ciudad, el templo, el lugar protegido.

Esta interpretación encaja bastante bien, porque el tabernáculo, junto con el campamento israelita, ya estaba concebido como una variante en el desierto del templo de Jerusalén. Así como el paso del campamento a la ciudad resulta convincente, también es complejo el paralelo entre los animales sacrificados y Jesús. Mientras que en el caso de los animales la obtención de la sangre y la quema de las víctimas se realizaban en dos lugares distintos, Jesús derrama su sangre y muere fuera de las puertas de Jerusalén. Precisamente eso subraya lo siguiente: la muerte de Jesús puede entenderse en analogía con el antiguo culto sacrificial, pero no se agota en esas categorías.

El lugar de afuera, el lugar de la lejanía de Dios, el desierto, el lugar de la muerte, se convierte en lugar de la presencia de Dios, por medio de la muerte de Jesús en la cruz. Esa es la interpretación de Hebreos. Con ello, todo cambia.

La ejecución de Jesús en la cruz fuera de la ciudad no fue solo un hecho histórico: ahí comienza una historia nueva. El amor de Dios se vuelve palpable precisamente allí donde las personas están lejos de él. Quien estaba afuera, ahora ya no queda excluido.

Eso vale también para nuestra relación con Dios: no siempre encontramos a Dios donde lo esperamos, en el templo, en el santuario, sino al borde, afuera de la ciudad.

“Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio.”

Porque Jesús nos santificó y nos reconcilió con Dios fuera de la ciudad, la Carta a los Hebreos nos llama a ir también al borde de la ciudad, a salir, y a cargar con aquello que Jesús cargó por nosotros.

En su interpretación de la Biblia hebrea, Hebreos no piensa de manera individualista; habla del pueblo y de “nosotros”, de la comunidad cristiana. La reconciliación no es algo que solo me corresponda a mí personalmente, sino a nosotros, a la comunidad. Y esa reconciliación nos lleva a ir hacia las orillas, tal como lo hizo Jesús.

La ciudad futura

Y ahora volvamos una vez más al tercer nivel de nuestro mapa:

“Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.”

Lo que ocurrió fuera de las puertas de Jerusalén nos orienta hacia el futuro, nos da esperanza. También los destinatarios de Hebreos estaban en una crisis así. La ejecución de Jesús fuera de la ciudad no fue solo un hecho histórico: sacudió su esperanza. Pero justamente allí, en el lugar de la deshonra, donde ya no parece haber esperanza, comienza una historia nueva.

La comunidad cristiana espera una ciudad nueva, donde reine la justicia, donde ya no se ejecute injustamente a personas inocentes fuera de las puertas de la ciudad. Nos ponemos en camino. La muerte de Jesús no nos deja quedarnos detenidos en lo establecido. No permanecemos en la ciudad actual, sino que buscamos una nueva, una ciudad futura.

La acción salvadora tuvo lugar afuera; la muerte de Jesús desplazó las coordenadas. También ante vientos sociales cada vez más duros y el caos de la política mundial, esto vale para nosotros: Dios no se encuentra en medio de la ciudad, en el templo, sino al margen. Replegarse en la seguridad de la ciudad presente no es una opción. Dios nos regala una ciudad nueva, un futuro nuevo. Pero tenemos que levantarnos y salir a buscarla.

Dios está con nosotros; estamos santificados para el camino y para lo que viene. Por eso, el anhelo de la ciudad futura de Dios, con fundamentos firmes, cuyo arquitecto es Dios, no debe entenderse como huida del mundo, sino como esperanza en el futuro que Dios nos regala, y que al final de la Biblia, en el Apocalipsis de Juan, es descrito como la nueva Jerusalén, la ciudad futura hacia la cual nos ponemos en camino.

Así interpreta Hebreos la muerte de Jesús como ofrenda: una ofrenda que nos orienta hacia el futuro, que nos impulsa a buscar la ciudad futura de Dios, donde hay justicia y ya no habrá muerte ni sufrimiento. En la muerte y resurrección de Jesús, la ofrenda adquiere un sentido nuevo. Muerte y resurrección traen reconciliación y nos llaman a buscar la ciudad nueva, la ciudad futura.

Regreso al microdevocional y cierre

Volvamos una vez más, brevemente, al microdevocional:

Entender la muerte sacrificial de Jesús como una transacción en una caja con escáner, donde mi culpa es pagada, me parece un poco superficial. Me convence más la interpretación según la cual la muerte de Jesús nos quita las cadenas y nos da libertad.

O bien la interpretación de nuestro texto de predicación: la muerte de Jesús fuera de la ciudad nos da futuro. No nos quedamos donde estamos, sino que nos ponemos en camino y buscamos la ciudad nueva de Dios, en la que la reconciliación y la justicia tienen su lugar.

“Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.”

“No tenemos aquí ciudad permanente.” Eso fue lo que vivió la primera comunidad cristiana en medio de la opresión y la persecución.

Si miramos nuestras ciudades en el presente, vemos en estos días mucha destrucción y mucho sufrimiento. Eso lo están viviendo nuevamente personas en ciudades como Járkov, Teherán y también, otra vez, en Jerusalén. Precisamente ante este presente esperamos la ciudad futura. No solo la esperamos, sino que nos ponemos en camino y la buscamos:

“sino que buscamos la por venir”, allí donde hay justicia y ya no hay sufrimiento.

Amén.

Iglesia Evangélica de Habla Hispana de Duisburgo en la Pauluskirche

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.